martes, 3 de noviembre de 2009

Eslabón de Crepúsculos

RACIÓN DE MEDIA LUNA

Del brumoso continente del pasado
Llega el eclipse de su voz
La soledad y las llagadas sonrisas
Que me asfixian la vida
¡Ah! El dolor de la carne
La inmensidad y la espesura
La espuma del tiempo
¡Ah! El aroma del tiempo
Confundida la esperanza
Se moría entre las bastas
Sombras del patio
Entre los negros huecos del cielo
¡Corramos por la avenida del río!
Inundémonos de su reposo
Gravitemos en su sábana
Matemos con nuestro celo la pena
Paloma

PALOMA
Una mañana quisiste volar
Y volaste
De tanta ala de ensueño
Un gran muro hiciste
Muro de pájaros
En mi vida hay
Fiesta en la que se inaugura
La tristeza
Lacrimal

LACRIMAL
He observado este mundo
Como abismo infinito
Y un vuelo de serpientes
Se cobijó en el corazón
De mis ojos
Si las lágrimas son torbellino
Desata mujer
La fuerza de mi llanto
Aunque este mundo siga siendo un emporio de
Signos y preguntas

SIGNOS Y PREGUNTAS
¿Quién por los dolores del alma
No se ha confundido con el bajo mundo
De la gente grande?
¿Quién no ha dicho ¿quién?
Sabiendo que los golpes de la puerta
Eran los del un albañil muy querido?
Mecías a medio asco tu mejilla enrojecida
Al otro lado de la puerta
¿Quién no se ha preguntado por los días
En que nació la pregunta y le buscó
La metamorfosis al cómo al dónde y a todo eso
Sabiendo que toda respuesta duerme
En el corazón de la gente pobre?
¿Quién abre a los golpes de la puerta
Sacando las “d” de las dudas y
Quedando con la palabra del día
Como un intruso muy querido del alfabeto
Que escribe a expensas de
El papel del odio?

EL PAPEL DEL ODIO
El odio devorador de amistades
De la yerba del azúcar impalpable
De la droga vertical de la mujer
El odio apellidado aullido
Vestido de hipocresía
De mar negro púrpura de tiempo
El odio que se hilvana
De naturaleza fallida
De umbral crepusculario
De risa estampillada
El odio que nos ostenta
Los inmensos bosques del cemento
La palabra del útero
Las zonas seminales del veneno
El odio que nos hará padecer
Las ventajas de la mandíbula del demonio
Y sin saberse a sí
Nos mostrará el camino
Y no vagaremos más en
Despedida

DESPEDIDA
Falso eclipse
Hecho de tormento
Envuelve tu frente
De blanco arroyo
Que ya me voy

YA ME VOY
Ármate de valor
Coge tu lado bueno
Abriga tu alma
Con pedazos de amor
Desmiente tu apellido de odio
Abraza las horas linde
Con toda esa devoción
Véncete hasta quedar parada en
Los regresos

LOS REGRESOS
Te esperaré detrás de mí
Anclado en mi pozo
Espiando por las cejas
El templo de tu vientre
Dirán tus senos
Saldré de mí
Verás la fiera
El eslabón perdido
De los hombres y los monos
Abiertos
Nos arrullaremos hasta el odio y la
Resurrección

RESURRECCIÓN
Génesis de luz
En mis claros días oscuros
Sendero abierto en mis torbellinos
Infusión sangrienta de mis secas venas
Manantial sagrado de mis dulces penas
Apiádate y dame tu don femenino
En esta noche sin camino
De olvido espumante

ESPUMANTE
Tú te vas lejos
Más lejos de mi corazón no hay
Yo me quedo muy cerca de mi soledad
Apenado resignado cuan suicida
Pensando en tu gloria lejana
Huyendo de mí
Huyendo de mí no te acerco
Blanco dolor de espuma
Así termine calcado en faz de
Espectro

lunes, 2 de noviembre de 2009

Eslabón de Crepúsculos

ESPECTRO
En los corredores de mi casa
Sobre las mismas gradas de mi descenso
Un fantasma recorre del todo abierto
Se esconde duerme se guarece
De cada mirada desaparece
Rumorea por el rostro
Es un extraño desconocido
Si deseas verle de cerca
A toda hiel en espinazo
Asómate conmigo al espejo de
Mi casa

MI CASA
¡Un lugar para mi casa!
Donde inventar mi casa?
En la perfección de un jazmín
O en la lejanía de tu olvido?
En qué espacio acomodar
Mis ventanas de vigilia y añoranza
Quizá en la esencia amarga de la miel si tus besos
Que retozan en el calor vacío de este día
Y tiñen de tristeza lunar tu ausencia
Dónde dónde?
En el reposo de un arma
O los golpes sangrientos del corazón
En el aroma asfixiante de esta nada
No Andrómeda ¡No!
¡En tus ojos y
Mis ojos!

MIS OJOS
Mis ojos festejaban tu cuerpo
Desmoronados por tus labios
Enmielados en tus senos ortodoxos
Desnudados en tu color
Mis ojos locos
Enceguecidos en tus arcos y encrespados
En la sangrienta magia de tu
Música

MÚSICA
Dispersado sexo
O asunción en piedras
Delgada pesadez sin nexo
De oprobios liberados
¡Enciende al encapsulado verso!
Que hastío gime su silencio
En deudo cementerio
Como el examen oral del universo
¡Adormecido! Afiebrado en blasfemia

BLASFEMIA
Circuito de arena
¿¿A dónde vas??
No seduzcas a mi mar
O te derrumbarás como una playa
Que eternamente diga
Cálmate mar ¡Cálmate ya!
Y no descuides tu vaivén ni tu
Espejo

ESPEJO
Relato de mi tiranía
¿Por qué te han detenido así?
En tu lago la juventud se arruga
Cual succión interior de la muerte
Relato de mi tiranía
Devuélvele la parábola a mis zapatos
Y atrapemos juntos
Al arco iris de la suerte
Y quizá
Quizá amemos algún
Otro labio

OTRO LABIO
Que otro labio has palpado
¡Eh tú ramera?
Acaso crees soy el veneno
Con que alimentas tu sangre
De diosa negra?
O piensas diosa
Mi pupila envejece inerte
Mendigando tu ombligo de sirena
Yo ya me voy
Ya no me cuelo de tu espera
Por donde lluevas tu perfil erógeno
Tu pincel entre labios
O tu puñal de ramera
Ya no me duelo
¡Ya no diosa negra!
Ya no riegas en mí ni en mi
Destino

DESTINO
¡No sé!
Ese desangrado animal
Olfatea mi techo
Barbariza el corazón
Ese verdugo en sombra
¿A qué bosques arrastrará nuestro paso?
De donde vinieran sus abrazos
¡No me importa!
Pero que respete mi libertad
Y no me aleje de lo que más amo
Mi palabra

MI PALABRA
Esta lejana mi palabra
Más lejana que tu presencia de viento
Y más allá de este vacío lleno de tu amor
Aletea la mañana
Conspicuo Dulce Hambriento de tu pan
Sediento como tu voz
Incalculable y hondo como tus ojos
Pero está lejana mi palabra
Espinándome esta su abandono
Y no quieren ser más
Mis versos

MIS VERSOS
Vendré mis versos para nadie
Cuan afanado mercader
Y en la encía avergonzada de mis manos
Caerán los billetes libres pero sin ceder
Miraré las monedas arrugarse
Y de mis labios difusos de poeta
Un regateo de dolor arder
¡Hay una voz en esos dedos de compra
Una huella digital palpando en tacto de alma
Unos huesos en fragancia de sonatas
Que acarician con lapsos de incienso y bohemia
El avaro brillo de las monedas!
¡Algún lejano rencor una vida emboscada?
Quizá un corazón de amapola
Discurre por mi verso
Algún adiós sin nombre
Un salpicón de golondrinas para tus manos
O el abismo jorobado de la agonía
Y su sabor a carne y ceremonia
Una pandilla de cuervos sin duda
Aletea por mi verso
Su desabrochada fatiga
Que jadea en hocico de marfil rozado
La epidemia crucial de un
Enigma

domingo, 1 de noviembre de 2009

Eslabón de Crepúsculos

ENIGMA
¿Cómo apretar tu recuerdo y matarlo a garrotazos
si no puedo ahora abrirme el pecho ni el corazón juvenazo?
¿Cómo trazar una línea de nuestras fronteras
si sus púas me encierran la luz y quedo en una rueda agonía?
¿Cómo combatir tu figura si de lejos reinas mi aire
Y te has hecho enigma enigma como siempre?
¿Cómo terminar con este signo de preguntas si hasta
la hermosa silueta de tu oído pregunta?
Cómo combatir el cómo en tu amor
Si siempre eras pregunta
Porque siempre fuiste mi qué
Mi cómo mi dónde mi porqué
Y yo nunca supe si nacían en ti esas
Odiosas verdades

ODIOSAS VERDADES
¿Y si fuera verdad que a la vida nos disparan
como a dados disparejos y nos ejea el sexo?
Y eternamente germinan a la mesa
Los números más tristes de un orgasmo sagrado deicida?
¡Rápidos siniestros fútiles efímeros como burbujas!
Y a la corta resultan aparejados impares odiosos
Impares graciosos impasses y todo ello
¡Ay! Si fuera verdad que mis números zetas
Mis cálculos terrestres mis divisiones de vino
Y no el orgasmo desdeñoso de un ser divino
Y su maldito juego de eterno
Filosófico

FILOSÓFICO
Vinimos al mundo
Cruzando umbrales y
Espacios de dolor
Llegamos a tierra
Confeccionamos misterios
Secretamos vacíos y
Vociferando filosofías plagamos de ceniza
Los lánguidos humos en vana canción
Pero hombres del Mundo
Marchitados de transito y agonía
Hombres que cruzan filamentos
Para asesinar el aire y las distancias
¡Hombres del mundo!
Los terrestres los aéreos los acuáticos
Acérquense que voy a rociarlos
De ternura y abrazos
Que vamos a calcinar con pasos de fuego
Los cementerios y los esclavos de la
Muerte

MUERTE
Ojo de búho que te adueñas de la noche
Hoy te veo frágil de puertas y ventanas
Y te releo en la siniestra sonrisa de la nada
Ojo noctámbulo sé que me veneras
En el silencio tácito de tu noche
Y me espías desde el fondo azul de las pupilas que no amé
Y desde las bolsas rosadas del llanto
Sé que tú me ves ¡oh bestia!
Eres el huracán muerte
Las averiadas púas de los cercos
El estrépito incoloro de las tormentas
Las melladas fauces de tu ronco insulto
¿O la abertura sublime de las ansias y el terror?
Un silbo de alegría pasa cuando tu no estás Ojo
Y en el aire se revuelcan tus recelos
Eres quizá Noctámbulo
Ese rostro en porcelana
Del amor y la fantasía
O la vana exuberancia de medicados libros
Que se trasnochan el la exhibición del absurdo y la nada
¡No bestia no me lo creo!
Eres el andar de pantera nocturna
Su alocado descenso en sombra sanguínea
Por el enramado bosque de mis venas
Con tus dos ojos normandos y
Su desnudado olor de purísimo otoño
¡Y alocas los lunes!
¡Y acaricias mis huesos!
¡Y amasas las guerras!
Con esas tus manos en una nube siniestra para... después
¿Hacerlas llover?
Pero no me corro Muerte no me corro
Yo no soy la que se extiende de puro llanto
En la cripta del placer
¡Oye bien! Yo no soy la
Impúdica

IMPÚDICA
Partiste acalorada y dócil
Por los atribulados espacios de la lejanía
Y para mis manos el ondulado jadear de tu cuerpo
Abstrajo las propiedades más profundas del vacío
Hubo un hilo de viento en tu despedida
Un deslizar de acuarteladas penas
Una mendicidad de aves a la distancia
En ti la impúdica la sucia la inmoral
En ti amé sin haberte tocado siquiera
Una esquina deshecha de desorbitados faroles
En ti partí mi pena ¡Impúdica!
A quien le arranqué a golpes de ternuras
Un itinerario de sexo confesiones calumnias
Mentiras y soledades
Pero mis labios no tenían forma
Hasta llegar a tu beso
En esas horas podridas por la torpeza del tiempo
Derrochamos la campiña en tul de tu
Pecado

PECADO
Te llamo...
Un agudo colapso de linterna
Se apaga en tus ojos
Como quien duerme envenenada
Como quien expira estos susurros:
“Aquí no estoy. En mi cuarto no hay más espacio
ya todo está sepultado ¡muerto!
Muerto el espacio rojo para tus palabras
Muerta mi cintura anochecida en tus caricias
Sus atolondradas manos
Su baba
Su caricatura en la velocidades del amor
Bajo mi sexo
Todo está muerto”
Así gritan tus párpados indiferentes
Pero desde tus cristales de hembra solitaria
Llora con irónico gemido el pecado
Llora en su paradójico cielo el placer y sus
Constelaciones

CONSTELACIONES
Eres una constelación de rosas marinas
Girasol desmembrado en ríos
Ave púrpura de las distancias
Que desciende por el escombro gris de la montaña
Que desciendes para vivir en mí y mi
Cántaro

CÁNTARO
Cántaro de mi soledad
¿Dónde estás?
Tu suerte es un foco de barro
Sembrado de tristeza
La faz abierta de un error
La libertad a duras penas
Se extingue en la membrana de tus
Tempestades

TEMPESTADES
Cae la noche cual loca tempestad
De jovial y sensual llamarada
El cielo de la nada
Mata con fruición de vanidad
Con huracán de
Calendario

CALENDARIO
Hay un calendario que se anuda en las manos
Un atrapado dolor de amasados corazones
En esta hora en que fenece el año y duele
La migraña global del planeta
Y sus inequívocos
Suspiros

sábado, 31 de octubre de 2009

Eslabón de Crepúsculos

SUSPIROS
Se ha manchado mi suspiro
Con olor a lirios violetas en torbellino
Así humillado escala tu puerta
Besa tu nido
Expira abrazos de tu aliento
Así nace en mi reposo
Calcula su ritmo pelea conmigo
Traga a zancadas mi espíritu
Arrastra mi fe mi delirio
¡Suspiro maldito!
Llega al rigor de tu tibio sitio
Salvaje en mi sueño maduro
En mis días un niño
Si así te amé horizonte lleno de dulce semen
Por qué elegir a otra
Mujer

MUJER
Camino de fe pálida
¡Etérea vorágine!
Pradera de vapores
En ti se unen las gaviotas
Nacido en los pedregales
Te hice mi única verdad
Orfebre me incubé
En tus tintes de plata e
Inventé rebaños
De lujo en tu pecho
Para fundar juntos
Zoológicos de amor y
Mansiones de nácar en tu cuerpo

MANSIONES DE NÁCAR EN TU CUERPO
Quiero en tu voz en tu cuerpo de cielo vulnerable
Secar mis jarcias y mis peces de postrado pescador
Y en tus hoyuelos de muss nacarino
Quiero besar la infausta voz del crepúsculo
¡Eso quiero!
El despabilo de tus luces la riqueza
De tus arbustos y tu voz manida de placer
En los anaqueles silentes de mis libros
Esculpir magnánima fruta ¡Eso quiero!
Sembrar de penacho nuestros corazones
Y sementar con tu voz de leyenda
Mis páginas en canto de rocío
Y que desde ese día sólo venga
A la tierra a llorar tu recuerdo
Sobre los pastos floridos de tristeza
¿Cuántas veces participé de lo lejos
y jamás me aleje de tus venas
ni tus aldeanas portezuelas?
¿Cuántas veces lloré en tus recuerdos
desde las magníficas ventanas de tus sueños?
Te esperaré te dije y
Te espero viendo que la tiesa estrella de los cielos
Semejan tus ojos
Con un haz de estreno en el alba
Romperemos las mentiras y
Escaparé en ti de horizontes muertos
Como las gaviotas que se van estiraré
Para siempre los crepúsculos
Hasta verlos desollados
Entre tus persianas y tus lutos
Cobijaremos sin embargo en las dulces
Latitudes de tu cuerpo a los engaños
¡Cuánta dicha esperará en tus alientos!
En tu cuerpo jamás pudo la tarde sepultar a los veranos
Señora amada mía
En ti retornarán las jarcias de los cielos
Cuan palomas derrotadas destronadas de
Su fiebre amor sus fosforescentes venas
¡No lo olvides!
Yo purifique tus espacios de hembra solitaria
Yo alcé vuelo en tu aire desconocido
Yo labré mi estanque de pasión en tu cintura
En el bosque de tu pubis
Yo encontré la flor salvaje de la locura
¡No lo olvides!
Este requelenque esparcirá en tu cuerpo
A mis noctámbulos besos enamorados de ti
Con tus manos con las mías
Entonces por fin desnudaremos el cuerpo de tus
Sueños

SUEÑOS
En la torre de tus campanas
Un eslabón de palomas encadena al cielo
Pero tu te acercas como una obsesión
De cada minuto en la vida
Aprietas los cantos la bohemia el giro distinto
Como un gato negro te envuelves
En los tejados del recuerdo
Arañas la memoria
Y nos arrancas cada grito entumecido
Donde estés ahí vivo
Carcomiendo a pasos solitarios mi juventud
Revolcándome en tu zanja de trigo
En tu zanja de bronce
En tus abismos de cielo me busco
En el cristal de tus campanas intento refugiar
El diminutivo cariñoso de tus pétalos marinos
Para no despertar en este mundo de
Aburrimiento

ABURRIMIENTO
Basura implacable
Sin movimiento
Callado hipócrita tuerto
Si te levantas se adormila la alegría
Si descansas despertará la belleza
Basura implacable
Hijo de la soledad
Pliegue de tiempo
Estatua invisible de lo inmundo y la muerte
Basura implacable ¡aléjate!
No podrás matar en mi a los
Poetas

POETAS
Hemos venido poetas al mundo
Equivocados todos
Llenos de amarga soledad
Acostados sobre
Las piedras adolescentes del viento
Con los gemidos de las rosas sobre las médulas
Congregados en nuestras manos de cristal
Atrapamos inofensivos peces de colores
Y en una fantasía desvelada ¡brutos!
Los lanzamos al aire
En un desbando de arco iris y mariposas
Sin embargo jinetes sin dueño
No exhumamos la suerte de las manos
Ni pincelamos el otro lado de la existencia
Ni condenamos el oprobio de las rosas
Por eso poetas del mundo
Regresemos a la nada de donde vinimos
Regresemos al fondo del
Arte poética

ARTE POÉTICA
Una frágil alianza de muros en el alba
Una cuadrada emoción
Un murmullo de peces en el alma
O la ópera del silencio en alocada ovación
Un sangrado de tinta en el cascabel
Del más cadáver del los vivos por la tarde
Y en peldaños de música
El orquestar de un REVERIE hecha flor
En la parálisis ignota de su hélice atropellada
Pero nosotros asombrados poetas
Como espermas alucinados
Alargamos las manos hasta el fondo ámbar de los años
Hasta los desgreñados cabellos del sol
Hasta la pintura rupestre del crepúsculo
Pues no encontramos la puerta de los sueños
La puerta de los versos
El mar hirviente de la otra vida
Tajando y transfigurando para no fenecer
Una a una las patadas cien a cien las sienes
Cuarteadas diéresis en sinfonías clarividentes
Amparados apenas por el órgano pluvial de una mesa
Y la profecía de una
Vida eterna

VIDA ETERNA
Tu voz calla
Se suspende
Tu no de silencio
¿Te das cuenta?
En este café hay una vieja emoción de
Otoño

OTOÑO
En agosto
Cuando caigan las hojas del otoño
Y mis pasos crucen el rumor seco
Y doloroso de sus hojas
La única humedad de esos días
Caerán de mis ojos para ti y tu
Consuelo

CONSUELO
¿Con qué intervalo del tiempo consolaré tu ausencia?
¿Bajo qué forma de tritura desintegraré tu amor?
¿Con cuál de las oscuridades cubriré mis heridas?
¿En qué mentiroso eco de amor se deformará tu oído?
¿Por qué lado de la tristeza he de venir yo?
Para recordar tus cataclismos
Tu orfebrería femenina en mi pecho
La distancia de tus encantos
Y todo el motivo de tus arenas y mis
Debilidades

viernes, 30 de octubre de 2009

Eslabón de Crepúsculos

DEBILIDADES
Quemaste mis debilidades
En el espacio de tus fuegos rozados
Y como estornudo de colibríes en el cielo
Nuestras sombras se encontraron
En los suelos descascarados de Mansilva
Esa ciudad registrada en los mapas
Del corazón
¿Sabes?
Desde que tú no estás en Mansilva
Un desierto crece en sus calles y
Los campos

LOS CAMPOS
Tierra mía mujer
Donde coseché mi mal labrado vino
¿Por qué partías tú la fruta?
¿Para comerla alejados?
Yo musicalicé las armonías de tu carne
Con el descolgado ritmo de las lágrimas
Celebrábamos el acorde de las penas
Y hacíamos de su luz una luz trasnochada
Que la noche te auxilie me decías
Tierra mía mujer mientras yo
Vuelvo

VUELVO
Vuelvo a nacer en tus besos
En el eslabón de tus ojos me aprisiono
En el precipicio de tus lágrimas
Arrojo mi corazón
Por no terminar allá
En el rincón de la desgracia
Y en el consuelo de
Los viajes

LOS VIAJES
Partiste al otro lado del pueblo
Y la juventud se diluyó
Como mala receta de Dios
Te amé te vi enloquecer
Embriagué de saliva y súplicas tus senos
Tu pupila era entonces un mundo rodante
La pimienta de luz de una fatídica venganza
Contra algún otro que jamás quiso amarte
Mis palabras se construyen de viento decías
Pero acaso sospechabas que las palabras en ti
Se construían de adioses de
Entierros

ENTIERROS
Es penoso bajar hacia la tierra
Socavada Sobre hectáreas de dolor
En cápsula madera el cuerpo y su olor
Que el tiempo corroerá sin demora
Pasados mes y año pequeñas grietas
Crujirán sus gemidos de victoria
Su anestesia palpitante En ruletas
De ensueño y tierra la pobre memoria
Vendrán los gusanos que nos reservó
Desde siempre la tierra a repartirse
La pingüe de la conciencia Habrá que irse
A miles de patas en los insectos
Seremos instinto ya no razón
Habrá perecido la vida y su reloj

RELOJ
En mi tiempo joven fuiste mi reloj
Contoneabas incesante la angustia de la espera
Péndulo de delirio hacías del golpe frenesí
Y en tus movimientos lograbas burlar las madrugadas
Y tornabas a las horas en un
Laberinto de pasiones

LABERINTO DE PASIONES
Ha llovido sobre esta tarde seca
Un rocío de recuerdos La angustia
Ascendió en remolino de imágenes
Sobre el pozo de los ojos
Aquel lugar donde habita la pena
En el que almuerza su cena
Duerme y proclama el afán de una vieja guitarra
Levanta la copa Un brillo tentador
Abraza la mirada mansa y resignada
De aquel pobre bebedor que a salud de la rabia
Se engaña en esa borrachera
Qué comedia tan triste
Qué noche tan cómplice tan delicada
Para un Romeo de carne carne y hueso hueso
Que te amará como a una tumba
Sin duda para
Volver a nacer

VOLVER A NACER
Caminaba solo el hombre
Por las desmemoriadas tinieblas del mundo
¿Fue ese el tiempo más extenso de los tiempos?
Tortuoso busco plumas trasparentes
En la circular forma del útero
¿Es ese el registro más viejo?
En la voz y los ojos del rayo
Se oyó el escrutar furioso del cielo
Fue el cordón umbilical un testimonio alfarero
¿Quién nos hizo el metal del agua
La masa gris de la insuficiencia
La ronca voz de la lágrima
Nos biografiaron
Las letras matemáticas del pasado
Las letras religiosas de la historia
Pero llegó la edad del fuego y la poesía
Escondidas en la palmas primigenias del niño
Que se entibian del sudor y la tierra
Ha pasado tanto tiempo
Desde que el alpinismo de los huesos
Mantiene su tabú
Pero un disparate llamado AMOR HUMANO
Venda y ovilla al hombre
Para cubrirle con alma de capullo
Y se desprenda por el mundo en vuelo de mariposa

MARIPOSA
He buscado un nombre adecuado para ti
Pero no encuentro el lienzo ni mis acuarelas
Para pentagramar el laberinto de tus alas
Donde nace y muere el mito de mi pena
Eres una inmensa sala de espera
Una agonía sin fondo que engendras ases de luz
Y le das al alma indecifros de la vida
Con tu huida vertiginosa ante la sed de mis ojos
Minerva silenciosa que ocupas mi ocaso
Regálame una tajada de luna con tu sonrisa
Mírame en cada uno de los cantos
Todos los corchetes son tuyos las llaves
Y los vacíos las altas notas de los vientos en que te pinto
Mariposa terrenal
Mientras te miro

MIENTRAS TE MIRO
A veces pienso
Mientras te miro
Que la noche se diluye
En el crepitar negro de tus ojos
Y que en ellos resucita la pavorosa efervescencia
Oscura del crepúsculos y sus mentiras
A veces pienso
En tu edad de miel
Pero suave brisa se desliza en mí
La horrenda cara del destino
La sutil exhuberancia de sus palabras
Y el anillo lunar en tu O y su O de placer
A veces pienso
Mientras te miro
Que siempre te has ido
Incluso cuando vivías en mí
Y yo que siempre me lleve la vergüenza
De tu abandono
Deseaba tu paz
Deseaba tu infierno
Buscaba infinito en tus ojos
Una pequeña parte de
Tus huellas

jueves, 29 de octubre de 2009

Eslabón de Crepúsculos

TUS HUELLAS
Loco besé tus huellas
Loco corregí las equívocas formas de tus pasos
Loco también adelgacé las semanas los meses los años
Durmiendo eterno por
Los días

LOS DIAS
Hasta mí vienen estos días
En su tropel de lágrimas enturbiadas
Hasta mí viene tu boca
Desde el fondo de los años normandos
¿Sólo para envenenar mis días?
Si se viste de pardo color tu corazón
Cuando asomo a tu regazo
Si nunca más vibrará tu alma para mí
Quisiera abandonar tus humedades
Y nunca más construir
La casa del futuro

LA CASA DEL FUTURO
Juan el amiguero
Se acabo el rincón de tu mundo
Allá en Callabayauri el pueblo de tu alegría
Te mataron Juan te mataron
Se acabó tu apuesto apellido
Tu casa desgranada
Tus ramas y tus choclos
Tu:
“Yo solo me lavo
Yo solo me plancho
Yo solo me cocino
Yo solo me como
Y yo solo ...”
Y a ti sólo
Te mataron Juan te mataron
Desde ese día ya nunca supe saber sin ti hermano
Sólo decir el atropello
Y que temo más por la vida
Por el sitodofuerablanco
Por la diáfana negrura del olvido
¡Donde este Juan!
En la casa del futuro?
Impídeme llorar
Porque ya nada cabe sin ti
Sólo tu padre sólo tu toro
Solo tus tejas circundadas de moho y olvido
Me faltan fuerzas hasta para morir en la pena
Pero tú
No me llorarás desde tus tumbas Juan Nunca
Ya para qué morir Quizá para llevarte en
Mis alforjas

MIS ALFORJAS
Aquí te dejo mi corazón
Cuan grito escondido
Para en el silencio de tu soledad
Oigas mi voz
Aquí te dejo mis manos
Para que puedas apretarlo
Cuando sientas que vacíos bajo tus pies
Te quitan la tierra que conquistamos
Aquí te dejo el centro mismo de mis vasos
Para que puedas llenarlo con tu olor de tinta fresca
Y aquí te dejo mis alas
No para que huyas si no para que vuelvas
Sin basuras sin
Engaños

ENGAÑOS
Te engañabas como siempre a la hora de amarnos
Reconozco la lluvia de tus ansias
Y el matiz de tus mariposas y mis alacranes
En este vicioso
Circuito de la lectura

CIRCUITO DE LA LECTURA
De ponerse al pie de la página
Y dar un puntapié al punto
De seguir persiguiéndonos la cola
Con el único propósito del círculo
De martirizar la fe a los pies
De los incisivos y a colmo mixto
De mantener la calma con los polos tensos
Bajo el único propósito de la sátira
De mantenerse erguido a fin de no soportar
La fuga de esperanza por la cloaca
De discutir los ejes de un mendigo
Por la mandíbula abierta de los poetas
De envolverse en llanto para sentirse húmedo
De no conseguir camino con tan sólo mostrar el pellejo
Y no el alma
Ay de eso y mucho más
He vuelto sin remedio
A los dos primeros versos y sus
Regresos

REGRESOS
Regresa ya mujer de las sombras
En las que quedaste aprisionada
Que por ti guarde la miel de la vida y la esperanza
En el infinito oprobio de la azucenas
Que aislaron para siempre tu nombre de la tierra
Por ti se han humedecido de tibieza los eucaliptos
Para que mis manos no chorreen una sangre espesa
Llena de amargura y soledad
Por ti mi amor en mis lágrimas
Se ha humedecido la luna florida de regresos
Y ha esparcido entre las nubes
Su luz de plata para regar tu cabellera
Desnudaré a las distancias
Con mis labios rotos de quebranto
Si tú regresas dulce tibieza de los álamos
Y en las gotas de amor que desvanezcan tu cuerpo
Volverá a estallar la luz vida mía
Aquí y en el más allá

AQUÍ Y EN EL MAS ALLÁ
Más allá del frío solitario de la esquina
De donde la muerte me asecha con tus ojos de ausencia
Más allá del delirio rojo del crepúsculo
En que la noche siembra de espigas fulgurantes el cielo
Más al fondo todavía donde naces horizonte mía
Más allá te quiero vida mía
Más allá
Más allá del espejo rojo del horizonte
En donde ya no me abisma la pena
Ni entristece el tiempo
Más allá a donde corre el viento
De pecho abierto inevitablemente
A nuestro encuentro
Más allá más allá
De viejos
Astros

ASTROS
Oh sol oh luna
Los dos aros de la vida
Eterna persecución
Eternos anillos de novios
Extraviados En el cielo
Enterrados

ENTERRADOS
No lo creerán pero estoy muerto
Enterrado en mi propio corazón de cuento
Como el agraviado perdedor de fábula
Al que todos toman de malo
Por hacer de animal
Me sepulté en tu místico triángulo
Y no encajo la santa saña de mi umbral
¿Quién quién perfila mi sepultura?
Alguien juega a la ruleta
Con mis pupilas de envidia
Debuta
Te ama
Brinda en tus copas de alegría
En férreas cascadas negrea tu pelo
Para anidar un blasfema
Batalla de lágrimas y arena
En el ruedo de nuestros corazones
En la desgracia de mi
Velero

miércoles, 28 de octubre de 2009

Eslabón de Crepúsculos

VELERO
Velero que enciendes la mar
¿por qué turbios remolinos avanzas?
Por qué turbios remolinos has compactado tu sueño?
Yo soy esa flor que se va muriendo en el campo
Al cual siempre te avecinas
Soy esa flor que se despedaza en el viento
Cuando tú te vas
Velero que enciendes la mar
Apaga mi clamor en tu fuego de bienvenida
Velero que enciendes la mar
Velero que enciendes mi vena
Yo también alargue el último rayo de la aurora
Para que la tarde muera enquistada en el corazón
Para apaciguar mi dolor
Yo también descendí a las esferas desoladas del olvido
Que vienen y van
En sus olas de amor y de odio
Yo también

YO TAMBIEN
Yo también sufrí
Me acorbardé
Desistí
De algún poyo olvidado desclavé mi rostro
Pero amé como nadie amé
Tus ojos

TUS OJOS
Y tus ojos son dos
Pardísimas palomas
Que han perdido el vuelo
Por culpa de mi ingratitud y sus
Secretos

SECRETOS
Conocí tu carta cristalina
En el viaje que hicimos al infinito
Que sólo con las alas del corazón se logra
Mi pequeña escondida
Conocí el ansia de tu lluvia luminosa
La frontera equinoccial
De tus mariposas y mis alacranes
Pero tu gestabas
La virtud de los fantasmas de
Los cuentos

LOS CUENTOS
Que relatar sin tus navíos cósmicos
Sin tu mar ni tu puerto de labranza
Te amaré desde lejos
Encerraremos al cosmos
En este puerto de esperanza
Cerrarás con un beso sin adiós
Mi boca para nadie
En esta hora de trenes en que bufa
Una flor blanca de adiós la tarde
Y tañe del claustro de tu boca
Una voz de bronce

UNA VOZ DE BROCE
Insiste el campanario a la tarde
Su despabilo en tañidos colores
Una voz de bronce se perfila por las calles
Descritos en los versos abanicos de
Tu nombre

TU NOMBRE
Digo tu nombre
Una explanada inmensa
Se enciende para mis oídos
¿Qué será? ¡Acércate mujer!
En mí pulula el don del
Arco iris

ARCO IRIS
Velo que coronas
El ímpetu del cielo enamorado
Rugen los ríos rojos de mis venas
Por tus caricias que se deshojan cuando te aman
Por tu luz que deslumbra el escombro gris de la montaña
Guadaña pluvial
Tu cabellera inunda el perfil estrellado de las nubes
Y amamanta a mis ojos sediento de tus películas
En tu fulgor nacen y expiran los pintores
Y desean destellar en tus techos el oro y la penumbra
Pero tu apenas nos convidas
En la tempestad de tu enjambre
Una broma perpetua de colores e
Insomnios

INSOMNIOS
La boca del silencio está repleta de tu nombre
Y tu nombre mujer
Esa pequeña caligrafía
De mil heridas
Esa inofensiva hendidura
Donde mueren los demonios
Me arrastra cada noche
Con los inexpugnables eslabones del insomnio
Al mar hirviente del crepúsculo
La boca del silencio está repleta de tu nombre
Sus piel sus oquedades sus brazos
Si cierro los ojos se abre para mi una difusa
Explanada negra
Y vomita entresueños siniestros
Vienen los corsarios
Enciman los guerreros
Vienen asesinos
Aúlla la boca del silencio
Que está repleta de tu nombre
Y tu nombre
Encuadra un ilusorio anillo en la mano
Donde se curva una geométrica prohibición
De suelos y deseos
La boca del silencio esta repleta de tu nombre
Y me arrastra cada noche hasta el crepúsculo
Y criba en sus bordes una irónica
Carta

CARTA
Que esta carta te extraña lo sé
Y se que al leerla
La materia de tu amor
Evaporará sus flujos de amargura
Y de las oquedades de tus senos
Una armonía de tristeza volará
Hasta el lejano cielo
Tan sólo para mí
RACION DE MEDIA LUNA

sábado, 1 de agosto de 2009

La Moneda

Mayo, mediodía incierto, Ismael. Rebuscaste por innumerable vez los bolsillos desiertos de tu descolorido pantalón. Sabías que no tenías un solo centavo, pero escudriñar su fondo vacío se te había hecho una perversa costumbre, un vicio irrefrenable que te calmaba las ansias y te hundía en la meditación. Sí, te alejaba de esta atroz vida cotidiana que apesta y que siempre está al borde de lo intolerable, ¿verdad?

“No sé qué darte / porque no tengo nada / ni bolsillos en el pantalón”. Comprimiste esos endemoniados versos en tu corazón, Ismael, saboreando de a pocos la perfecta amargura de su mágica música. Luego, desviaste la tímida mirada al lado abierto del parque donde el ambiente era más fresco y estrecho y donde te perderías con más ahínco en la imaginación. Ya casi habías logrando hundirte por completo en el sopor de una meditación sin sentido, Ismael, cuando una silueta femenina se te introdujo por el rabillo del ojo y te distrajo. Retornaste al horrible calor limeño, a tus bolsillos mezquinos, a esta vida que te apesta, y, la viste. La viste, Ismael.

La mujer era bajita y delgada y la melancolía de todo su ser apenas la dibujaba en el mundo. Sin embargo, era infinitamente atractiva, Ismael; imperecederamente adorable. En esas circunstancias fue difícil distinguir si era parte de esta pedante realidad limeña o parte de tu imaginación, querido. Imposible saberlo. Aún así te situaste en el nauseabundo hoy, y pronto supiste que la mujer realmente existía. Se disipó la duda y te acercaste; pese a tu escandalosa timidez, te aproximaste, Ismael. La diminuta mujer se exhibía junto al banco más triste y disimulado del parque, ¿como en tu imaginación, verdad, Ismael? Y sonrió, te percataste que ella sonrió y veloz supiste que era una mujer de la calle, una maldita prostituta, pero ¿no era linda, Ismael? ¿No era real y maravillosamente linda? Pronto tu mirada adquirió esa extraña expresión que incuba un corazón trémulo de esperanzas. Te cercioraste que esa maravilla era una prostituta, y aún así, te arrimaste a ella, querido. No valdría ni media cerveza, Ismael, pero algo cantó en tu corazón y fue imposible resistirse. Estaba de más recalcarlo, querido, por demás; las de su clase, para muchos hombres, no representan el más mísero valor; pero en esas circunstancias, para ti, ella fue algo más que una reluciente cara mostrándose a los transeúntes en medio de la acera del parque. Para ti fue un consuelo, una esperanza, un amuleto de la mejor de las suertes, y, te acercaste, Ismael, te acercaste.

Ella sintió el calor de tus ojos apoderándose irremisiblemente de todo su ser; llegó a pensar que tú serías al fin su dueño, su único y verdadero dueño; pero la veías como a las demás, con esos ojos que reflejan angustias sexuales eternas, puro sexo, Ismael. Al borde de la acera exhibía su juventud, su belleza, su escaso poder y su melancolía. Te acercaste, disimulado, para no despertar suspicacias y, al fin entablaste conversación. Sonreías con esa mueca tímida, feliz y pueril que siempre te ha caracterizado cuando te deslizas a cometer un pecadillo, Ismael. ¿Qué te dijo? ¿Qué sería mejor irse a un hotel para prolongar a gusto la conversación? Seguro que sí, cariño, no seas malo conmigo, cariño, mejor a un hotel, no te preocupes, yo conozco uno bien escondido, tampoco te preocupes por eso, querido.

Fue allí que la conociste, Ismael. ¿La conociste? Allí comenzó todo. Ella apagó la luz, descolgó la bocina del teléfono para no ser interrumpidos y dejó la puerta de la habitación entrecerrada, ¿verdad? Tú, antes de quebrar suavemente la perilla, te percataste que todo se desarrollaría adecuadamente. Verificaste el número de la habitación y empujaste la hoja izquierda de la puerta, listo a repetir las secuencias de un amor furtivo. Ni bien cruzaste el umbral, el fino perfume se anticipó a cualquier imagen del cuarto. Era un fino perfume embriagante, no uno barato como el de las demás, ¿No sospechaste nada, querido? Sonreíste. Sabías que ella saldría en cualquier momento de su escondite, casi podías sentir la caricia en la espalda y sus labios orondos y sedientos posándose en tu nuca. ¡Esa secuencia, esa ceremonia! Te besó en la nuca. Pensaste que ella era feliz y tú feliz con la felicidad de ella; tu voluntad sujeta a la voluntad de ella y eras feliz. No preguntaste nada, como debía de ser; la tomaste del brazo enrumbándola a la cama para tenerla tendida, abierta a ti. ¿Pero ella se ladeó, Ismael? No pudiste verle la cara. La atrajiste suavemente hacia el amplio sofá olvidándolo todo y dejando que ese primer beso se apague ahí, en la nuca. Ella, se te enredó en la cintura y susurró palabras que no entendías, palabras como “alma mía, me perteneces, soy toda tuya, tu alma es mía, tu alma es mía” y otras galimatías que no te importó descifrar en ese precioso momento. Luego ya sólo recuerdas un desfile de placer, los tersos brazos, la boca amanzanada, la saliva abriéndose paso entre tu pecho, la miel del momento.

¿Quisiste pensar, Ismael? ¿Quisiste guiarla hacia la sublimidad de la pasión secreta? Una falla en esos momentos y las consecuencias hubiesen sido desastrosas, querido. Sí, Ismael, ella sonrió, silente, apagada en su clamor de mujer vencida, adivinando que bajo la ropa siempre esperarías sediento y animal y que tu cabeza sería su cuerpo, su media espalda, un dibujo perfecto, un cabello y un cuello hermosos estirados en una almohada, una insinuación jamás adivinada, unos pezones sin duda erguidos, traviesos. Fue el momento preciso, Ismael, el momento de volver a decir que tu alma era suya. Claro, lo único que los amparaba dentro de la penumbra de la amplia habitación era el recuerdo de ustedes mismos. Y entonces, ¿acaso te dio una moneda, Ismael? ¿Una simple y vana moneda que como regalo es una cursilería? Por supuesto no te encontrabas en posición de negarte, además para qué hacerlo, ¿acaso tus bolsillos no añoraban una simple y mísera moneda? Resuelto el problema del amor, se asomó a ti y te dijo:

—Cuídame esta monedita, amor. No se te ocurra perderla o cambiarla.
¿No es de novela, Ismael? Una putita linda y romántica que se limita a esas palabras. Puta y romántica, peligrosa combinación, Ismael. La moneda era como todas, pero tenía algo mágico, querido, alguna característica que la hacía diferente a todas: Tenía un hoyo, un hoyo muy pequeño, pequeñito, como una mujer, Ismael, como ella (Aunque eso ni lo notaste). Luego vino la despedida, el adiós, el necesario momento en el que dos seres se entregan al drama para que los recuerdos sean recordados (Vale la pena decirlo). ¡Ay, Ismael! Ella apenas dijo adiós, nos vemos, con esas palabras de novela mal hechas. Bien, sé que tú querías un abrazo, una escena mojada de placer y llanto, sin embargo te limitaste a levantar la mano y enseguida, recordando que tenías una vida hecha y derecha, volviste a casa. Ahora uno de tus bolsillos estaba poblado de recuerdos, de pasión y de ansias, de esperanzas e incertidumbres, de una magnífica delicia sin costo, y tal vez, de un nuevo camino, Ismael. Tal vez debiera decir que una moneda, una sola moneda en el bolsillo de un hombre triste, es una verdadera línea divisora, una frontera que divide a los hombres, ¿no, Ismael?

Una semana después volviste. El parque, la acera, la tarde eran los mismos. Preguntaste por ella a otras como ella y ¿no estaba? Claro que no, querido, no estaba, era parte del plan el que no esté. Tal vez en la esquina contigua, Era delgadita, ¡No!, Frágil, ¡No!, era bo, bo, bonita, ¡No!, Era linda, lindísima. No, no estaba. Que no estaba y que no jodieras más, como si fuera la única puta linda. No estaba, Ismael. Y aunque no lo percibiste una trémula voz gravitó triste en tus bolsillos. Está bien, esta bien, esta parte es realmente ridícula, lo reconozco; pero tu tristeza fue mucho más estúpida, Ismael, tu lágrima resbalando por tu mejilla de entonces, realmente ridícula. Esa noche no pudiste dormir. Algo en tu corazón te dijo que ella estaría en ese momento acostándose con otro, durmiendo, ¡Dios!, con alguien que no eras tú, alguien de quien no podrías imaginar su cara, su rostro, alguien a quien no podrías golpear ni reclamar, alguien o algo con que desfogar esa furia incontrolable que te estaba matando. ¿La estarían amando en ese momento?, ¿alguien estaría amando el cuerpo que tanto habías adorado la última vez que hiciste el amor? Eso fue lo que más te dolió, Ismael, lo que más te torturó. ¿Sabe alguien qué es una tortura, un no saber en dónde está lo que más se puede amar y odiar a la vez por culpa de los celos? No, Ismael, no lo saben; pero tú lo supiste cuando no la encontraste, cuando la llamabas con todas tus fuerzas desde el centro de ti mismo, telepatía, Ismael, comunicación de lejos, intuición corazonada, odio purito, purito odio de no poder controlar la vida de una maldita puta que te tenía atado a su recuerdo, a sus expensas. Te había mentido cuando te dijo que te quería, ¿te dijo que te quería, o era tu imaginación? ¿Puede un hombre saber si una mujer le miente o no? Tu cuerpo estaba al servicio de una putita, Ismael. Claro que nunca se pueden saber cosas como esa, ¡Qué pena me dan la gente como tú, Ismael! Un consejo: “Si quieres ser feliz, Ismael, no analices, no analices; mantente ignorante, indiferente, y serás feliz”.

Es la única forma. Te quedaste dormido, querido, dormido en tus pensamientos y una lágrima de soledad rodó por tu mejilla; la noche había invadido tu cuerpo, Ismael, la noche fabricó una guarida en ti, Ismael. ¿Y qué pensaste luego? En realidad eras incapaz de pensar en ese momento. Contra tu voluntad, lloraste, dejaste que una lágrima envenenara tu vida y tu orgullo. Pero como nada dura para siempre el dolor se fue escondiendo en lo profundo y decidiste que era mejor no pensar en eso, además ella sería distinta, no como las demás, tenía algo que no compatibilizaba con el esquema general de las otras, en palabras fáciles, no era una puta ordinaria, era quizá alguien que estaba allí por accidente, porque tenía que cumplir algún inefable propósito y que por accidente también te había conocido, y que el destino estaba interviniendo en tu vida para regalarte estos momentos de vida, de existencia real, de pasiones y de una insoslayable dosis de extrema locura; como debía de ser: Una vida llena de todos los avatares. Con estas vanas explicaciones te fuiste calmando, Ismael, fuiste consiguiendo que ella sea ahora una mujer que no encajaba en ningún molde. No era una cucufata, tampoco una santa, no era una puta solapada, ¿como una ama de casa que se vende al marido?, era una mujer sincera que había echo el amor contigo y que no te había cobrado, como las otras, y que incluso te había regalado una moneda como recuerdo, como si supiera que estabas tan necesitado de dinero. Sí, Ismael, no tenías porque pensar mal, al contrario, por algo pensabas reiteradamente en ella. Si no piensa cómo fue tu encuentro con esa otra que sí era una puta. ¿Cómo fue? ¿Una charla incolora, una cama horrorosa, una puta linda, pero no tan linda como ella porque no te regaló una ridícula moneda? Como si pudiera llamarse encuentro a un simple y vano coito, una relación… ¿sexual? Así le dicen ¿no? Te fuiste arrepentido y sobre todo descubriendo que no era lo mismo con ésta, descubriendo que estabas quizá enamorado. ¡Epa!, ¡alto ahí!, esa es una palabra terrible; otra frontera, Ismael. Lo que estabas pensando era una tremenda barbaridad.

Aunque valgan verdades, el rencor todavía te mantenía en equilibrio. ¿Era o no una puta? Sin embargo no sólo lo estabas pensando, lo estabas sintiendo. Sí, Ismael, te descubriste enamorado de una puta que te regaló una moneda y que estaba jugando a las escondidas contigo; esto ya no era una linda travesura, digna de una putita bella, era una imperdonable y ridícula estupidez, carajo, una puta engreída, carajo. Así empieza el amor, Ismael, con una niñería digna de un puntapié. Volviste a buscar esa nueva puta (qué graciosas y complejas palabras ¿verdad?) y le pediste, a esta versión de mujer fácil, que te dijera dónde estaba su amiga, la flaquita de ayer.
—Quizá no vuelva nunca más por estos lares.
Fue una respuesta horrible, pero certera como una envenenada fecha. Sé que un amor perdido puede causar una ceguera extrema, Ismael, pero esto ya estaba sobrepasando los límites. Estuviste a punto de golpearla, de matarla cuando te dijo que ella, tu putita linda, no volvería, por lo menos, dentro de uno o dos meses por ahí. ¿Qué ibas a lograr con golpearla, querido? ¡Ese dolor en el pecho no era una broma! Estabas a punto de pelear por una ramera, por una desconocida que te dio una moneda y te atrapó en su recuerdo. Casi lloraste, ¿verdad? Pero te contuviste.

—Tú me dirás donde la encuentro, puta.
—De veras que quieres perder, papito. Atrévete a tocarme y no tendrás ni esperanza de salir vivo de aquí —Como si te hubiera importado tu vida en ese momento.
Estabas a punto de salir a empellones para disimular que una lágrima chiquita, agazapada, resbalaba por tu mejilla. Entonces sentiste que la mujer te abrazaba desesperadamente. Te zafaste de ella con asco y sorpresa. Ya a punto de salir, oíste que ella, tu puta querida, estaría al día siguiente en el mismo lugar que de costumbre. La alegría, el miedo, la incertidumbre, el pánico, la euforia y cuanta emoción más pudiera imaginarse se agolparon en ti, Ismael. Y ¿eso era el amor?

Al día siguiente, luego de caminar en exceso y volver por ella, supiste que esta nueva puta te había engañado. ¿Qué hacer? Antes de esto, tu vida era plana como una vereda y, “misia”, como tu vida misma; ahora no sólo era “misia”, si no, solitaria, más solitaria que nunca. Bueno, al menos tenías “una moneda” que estimulaba tus recuerdos. Rebuscaste con ansia tus bolsillos desiertos. Sí, desiertos. Sí, sí, desiertos y vacíos. ¡No! No estaba en tus bolsillos. ¿Acaso no pensaste que ella estaba casi convencida que iba a ser tu amuleto eterno, tu alegría perenne, tu bastón? ¡La moneda no estaba ya contigo!

Esperaste mucho tiempo antes de volver a encontrar a tu puta linda, ¿verdad? ¡Qué tontería!, ¡qué vanidad!, ¡qué descaro el dejar que las horas se escapen por las sienes de la obsesión!, ¡Ay, tiempo, tiempo, tiempo...! Pero no hay espera que no termine, querido. Una tarde —cuando el sol fue un disco de melancolía en el cielo— la volviste a ver. No lo podías creer, era ella, la mancha policroma que alguna vez invadió tus ojos y tu vida sin pedirte el más mínimo permiso, la ramera que te dio una moneda para que no la olvidaras. Emprendiste el camino, Ismael. Cómo explicarle que la esperaste, cómo decirle que el amor había tocado tu cielo, que su recuerdo había fabricado un nido en tu corazón, ¿Cómo, Ismael? ¡Cómo! Te acercaste.

—Hola, cariño —dijo y no lo podías creer.
—Hola, Preciosa.
—Supongo que has traído mi moneda —dijo y no lo podías creer.
Claro que ella no iba a molestarse por una simple moneda, por una moneda que ya no estaba contigo, ¿por qué enojarse por una simple y vana moneda?, una moneda equivalente a un helado o una galleta, o un billete de lotería. Debías de haberte callado, Ismael, dejar que el silencio contestara por ti, dejar que el silencio fabrique, como siempre, una tácita respuesta.
—Bien, tengo una moneda...
—No, cariño, no te estoy preguntando si tienes una moneda, te estoy preguntando si trajiste “mi moneda”.
—No, no lo tengo. Me lo robó tu amiguita.
—Yo no tengo por aquí ninguna amiguita.
¿No es gracioso que una puta linda sea una caja de Pandora? O, mejor dicho, ¿una caja china? Y no una simple caja china, sino una caja china dentro de otra caja china.
—Por supuesto que las putas también nos ofendemos, Cariño. Es mejor que me devuelvas mi moneda o que te vayas haciendo la idea de que conmigo no vuelves a acostarte.

Sonreíste con sorna; pero la tristeza invadió tu vida, Ismael; y la invadió lentamente, casi en calma, mientras fabricabas explicaciones: ¿ella era como las demás? ¿Tenía algún otro propósito distinto a la prostitución, un misterio que la simplificaba como un ser indefenso tal vez, con alguna misión heroica que la redimiría; quizá con una misión peligrosa como lo deseabas?

Pero… ¿Qué puede hacer un hombre enamorado que sabe que lo único que le interesa a una mujer es su dinero, su moneda? Pues nada, ¿verdad, Ismael? Sólo limitarse al ejercicio de un imposible y humillante acto de persuasión. Intentaste convencerla, explicarle que ese capricho podía ser suplido por algo que tenga un valor real, algo con verdadero valor monetario, como un buen billete de 100 o 200 soles por ejemplo. No, mi moneda, querido. Podría regalarte algo que sea más útil. Mi moneda. Quizá te invitaría primero una gaseosa. Mi moneda. Pensaste un peluche, dijiste un peluche. Mi moneda.

—Carajo, ya te dije que lo he perdido.
Se fue, Ismael. Se fue y nada pudiste hacer.
—El día que consigas mi moneda, regresa.
Ibas responder, lo sé; ibas a decir ¿cómo te ubico?, ¿cómo sabré dónde estarás?, pero la voz se te quedó suspendida entre la garganta, contenida en la piedra del corazón. Es doloroso, ¿verdad? Ella se fue mostrando una espalda inolvidable en su huída de dolor y de llanto y por vergüenza a un público anónimo, no volviste la mirada para no ver que este público anónimo estaba viendo a un tipo que pelea con una hermosa ramera que ironiza una escena de dolor.

Plantado ahí te enojaste, Ismael. No podías concebir que el capricho de una estúpida caja china te tenga atado a una tarea estúpida: La tarea de conseguir una moneda especial para una puta especial, el trabajo de buscar (de encontrar) una moneda, una simple moneda de la que dependía tu vida, tu entera felicidad. Sé que es indignante, querido. Pero por lo menos no estabas sólo en esta tarea: Todos los hombres bregan a diario por unas cuantas monedas totalmente anónimas, al menos tu tarea estaba vinculada a una “moneda especial”.

Esa misma tarde comenzaste con tus pesquisas. Primero tenías que hallar a la otra mujer. Y pensabas: “Mi cuerpo al servicio de una putita callejera”. ¿Por dónde comenzar? ¿Dónde encontrar una moneda tan especial? Hay respuestas que se encuentran a sí mismas y a veces no es necesario rebuscar tanto, Ismael.

Mucho tiempo después, abrieron la pesada puesta metálica acompañada siempre de esos sonidos lúgubres que hace pensar en el encierro infranqueable y los días perdidos. Vinieron hacia mí, me cogieron y pasaron de mano en mano sin explicación alguna que me sentí inefable (lo raro hubiera sido que hagan lo contrario). No me extrañé en absoluto. Me arrinconaron junto con las demás en el fondo de la carrocería del camión. Me quedé pensando que los tristes sonidos rebotando eternamente en los fríos pasadizos de las celdas y los camiones eran parte de mí. Como siempre nos mantuvieron en espera. Y aunque todo eso era ya para mí una desagradable rutina, sabía que luego vendría la ansiada libertad, lejos de ese mundo de puertas metálicas, frías e infranqueables y que andaría nuevamente de mano en mano. Me puse muy contenta, realmente contenta. Toda la mañana tuve que convivir con ese ir y venir de ecos nostálgicos hasta que alguien comentó que nos llevarían muy lejos de ahí, a un lugar a cientos de kilómetros de la capital, como correspondía esta vez.

Me resigné. Para distraerme del encierro puse atención a los sonidos fuera del camión. Alguien dijo que había llegado la hora de la partida (Por supuesto que esto de la resignación es sólo un decir ya que el tiempo no es para mí precisamente oro). El sentir general de mis compañeras era de una franca indignidad y el ambiente estaba tenso como una cuerda de hierro templada en los gestos. Era fácil darse cuenta que los gendarmes se contenían las ganas de tenernos, aunque no lo decían. Encaminaron el camión al lugar a cientos de kilómetros de ahí. Luego vino la revisión, el necesario conteo de si estábamos completas y, no faltaba más, el mezquino verificar de nuestro valor, de una en una y delante de unos ojos ocultamente golosos, sedientos; en apariencia indiferentes, Ismael.

Después vino el atravesar de la ciudad, el saber que al rededor nuestro estaba la vida misma, imposible para nosotras. Salimos de la ciudad entrada ya la noche. Por los bruscos movimientos supimos que nos llevaban por un lugar inhóspito, accidentado, de seguro pobre y triste. Sin embargo el desliz de las ruedas del camión era constante y pleno, pleno en la seguridad de su marcha puntual a través de la noche. Casi todo el trayecto fue así: Monótono y aburrido. Luego llegó la mañana, el despertar, el hilo de luz clavándose entre nosotras por alguna rendija ínfima, casi imperceptible, negándonos su rotundo resplandor y su avaro calor. Entonces sentí el freno en seco y el maniobrar del chofer al borde del sueño, el despertar de golpe, el zigzagueo, la parada contundente. Oí la desesperación de los hombres al volante y el mutismo de mis compañeras al principio; luego, la bulla por el impacto, el chirriar de cada golpe como gritos de auxilio. Sentimos que la lucha había comenzado. Las balas se estrellaron contra el camión y nos reventaron el alma. La respuesta fue eficaz. Un momento después todo cesó; de golpe, así como había comenzado. Dentro del camión el silencio fue absoluto. El hilo de luz, a causa del impacto en el camión, era ahora una gran espada reluciente ingresando por una ranura a exasperar el polvo del interior. Entonces la puerta posterior se abrió y vimos las caras sedientas de los asaltantes viéndonos con esos ojos de lujuria que tanto se repiten y duplican en cada hombre que nos ve con esmero. Uno de ellos nos amontonó como a animales y nos rodeó con los brazos, babeando, y nos levantó en vilo. Alguno de ellos alertó que era necesaria la fuga inmediata. Con nosotras a cuestas subieron a otro camión y emprendieron la huída. Entonces, antes de que llegáramos a doblar la curva que los llevaría a la libertad, el balazo certero de una de los policías heridos atravesó casi medio kilómetro y se enterró en el cráneo del chofer. Como es predecible, el camión fue a dar contra el oblicuo cerro vertiginoso y luego, se abismó al vacío con nosotras mudas de pavor.

Estabas loco por ella, Ismael, loco por hallarla. Preguntabas describiéndoles sus características (tan repetidas en otras), diciendo que la tuya era muy especial. Los que te escuchaban con atención al principio, terminaban destornillándose de risa; se cagaban de risa cuando le decías que la moneda que buscabas era como las demás, ¿Como las demás?, Pero especial, señor policía, Hay tantas que..., Sí, pero la mía es mucho más hermosa que cualquiera… Es difícil, para otros, querido Ismael, aceptar que hay cosas especiales que no tienen nada de especial… Por eso te amenazaron, Ismael, se rieron de ti, por compasión te decían que si la veían te avisarían.

Otros se cansaban inmediatamente y te mandaban a la porra o te aconsejaban que vayas al banco o al tragamonedas, o posiblemente tu moneda estaría tras rejas, muy bien resguardada, de intrusos o advenedizos como tú y que era mejor que olvides tus pretensiones…, Estúpido, Malcriado…, Yo sólo quiero mi moneda..., Misio de mierda. Para ti era una tarea existencial, un aferrarse a la vida. En una ocasión un gendarme, convencido de tu demencia dio orden de que, si te veían por ahí nuevamente, te propinaran un ejemplar castigo. Pero la esperanza nunca muere, ¿verdad?, es la que guía nuestros pasos cada nuevo día. Así que insististe. Cuando fuiste al tragamonedas comenzaste por explicar que lo que buscabas era de un valor sentimental y que estabas dispuesto a pagar una suma considerable. El dueño te repitió que “tu monedita” estaría muy lejos de ahí y que no podía hacer nada por ti. No imaginaste donde estaba, ¿verdad? Alguien se rió de tu pobre condición de abandonado, querido. Así suceden las cosas. La resignación es a veces un deber: Habías dejado pendiente un viaje de trabajo, Ismael, un largo viaje que duraría quizá un par de años y durante ese tiempo tendrías que postergar tus pesquisas. Aunque nunca fuiste un hombre de resignaciones fáciles, tuviste que aceptar esta postergación, Ismael. También era parte del plan, querido.

Sin testigos que pudieran entrometerse y probablemente criticar tu falta de piedad por llegar tarde a casa te enrumbaste hacia la pequeña pradera acorralada por dos cerros donde el riachuelo se deslizaba en un silencio absoluto, lento y transparente y diáfano, casi como ocultando su existencia, Ismael. Como siempre que habías participado en los debates del colegio con tus colegas, esa mañana de julio sentiste ese vació punzante en el estómago cuando se tiene la certeza de que no se va a ninguna parte, como si hubieras comprendido de pronto que luego de la victoria en las peleas verbales, venía inevitablemente la derrota anímica. Así pues, recorriste de sopetón el largo sembrío, los montes de Vera Cruz y la pendiente de Occollo y te internaste en el placer de la pradera escondida entre dos cerros y su silencio de absoluta calma. Apenas ingresaste en ella, pudiste respirar a tus anchas y devorar con ahínco la majestuosidad de ese edén en miniatura. Te descalzaste, te aligeraste de ropas y te extendiste boca arriba mirando el infinito cielo azul, como si tus ojos necesitaran también beber ese azul donde se pierde el pensamiento. Y la recordaste, Ismael. Recordaste nítidamente aquella perfecta cara, aquella perfecta circunferencia y aquellos bordes mágicos. Recordaste también que luego de haber perdido una insignificante moneda no pudiste volver a los brazos de tan hermosa mujer: Mujer de la calle, Ismael. ¿Puede hacer tanta falta una puta como ella en la vida de un hombre? Quizá nunca lo sepas con certeza, Ismael. Lo que sí es seguro es que nunca imaginaste que volverías a verla, tanto padecer, en un lugar tan inhóspito como ese. Sí, fue entonces que la percibiste cerca, con nitidez perfecta a pesar de la distancia, estaba al borde de tu alcance, entre las rocas grandes, equilibrándose en entre los espinos. Tal vez estabas viendo añoranzas, Ismael; sí, sí, añoranzas, la moneda nuevamente al alcance de tus manos…, pero después de pasar los espinos y escalar la pendiente rocosa a unos ocho metros de altura, te convenciste. Sí, estaba ahí, ¿estaba?, no había lugar a dudas. Estaba ahí límpida y brillante, sobre tu calva, elevada apenas a unos metros del suelo. ¿Cómo había sido posible que haya llegado hasta ahí, Ismael? No imaginaste que luego de tu separación había sido arrastrada por unos gendarmes hasta ese pueblo donde tú llegaste por obra mía y no por obra del destino, Ismael. ¿Ni siquiera pudiste alcanzarla cuando estaba en el banco? Desde que la perdiste tú sólo atinabas a vivir en sueños, Ismael. Soñar y sonar con ella, como te corresponde, Ismael. ¿Pero por qué luchar tanto por una moneda?

Supongo que el impacto iba a ser contundente, Ismael. Luego de haber rodado la pendiente tuvieron que haber llegado al inevitable barranco y la caída habría sido espantosa, vertiginosamente perpendicular. Pero me quedé aquí a pocos metros del suelo. ¿Después de cuánto tiempo nos volvemos a ver las caras, querido? Me reconociste, aquel gesto sombrío que tanto se parece a una sonrisa muerta gravitó en ti y pensaste que todo ese tiempo perdido te lo tenía que pagar. Alargaste las manos, como la primera vez que estuve a tu alcance. Al instante te cercioraste de que los espinos, un poco más abajo que yo, no iban a permitirte alcanzarme con facilidad. Observaste con minuciosidad el contorno y volviste a convencerte de que sería imposible alcanzarme sólo con las manos (yo siempre con la cara expuesta al cielo, mirando imperturbable el infinito). Recordaste todo ese tiempo espantoso que pasaste sin mí. Recordaste que sin mi ayuda no pudiste conseguir el amor de una putita escandalosa. Entonces sin que nada te importe diste el primer paso sobre los espinos, como Jesucristo, pensando —un hombre pisando un espino sólo para recuperar una puta es vergonzoso, Ismael, vergonzoso—. El dolor fue espantoso. Entonces volviste a obtenerme, no dejaste que esta vez haga tanto uso de mi preciosa conciencia. Con inmensa alegría corriste a la única cabina telefónica de Occollo arrastrándome contigo y pensando que el último ingrediente para tu completa felicidad era llamarla. Ya en la cabina sonreíste con ese gesto pueril que siempre te ha caracterizado cuando te inclinas a cometer un pecadillo, Ismael. Me tomaste, me levantaste en vilo, ansiando oír la voz de ¿Mirla? ¿Melisa? ¿Mabel? ¿Cómo mierda se llamaba? ¡Qué desesperación, haber olvidado el nombre de la que tanto amaste, qué ironía, que vergüenza, qué desatino más grande, Ismael!

Pero Hombre, así suceden las cosas tramadas por mí, así ha de suceder siempre cuando un hombre añora tanto una moneda, una moneda que teóricamente equivale a un helado, un pedazo de pan, una galleta, pero que en realidad puede uno estarse jugando la vida por no haberme conservado, Ismael. Así es, y ya no entristezcas, hombre, que al fin y al cabo soy sólo eso: Una triste moneda que una linda putita te regalo en señal de que tú eras su hombre, su verdadero amor, su dueño.

¿Y ahora? Ahora ve, corre, a buscar una cabina telefónica y úsame, Ismael, déjame deslizarme de tus manos, Ismael. Desde el otro lado te contestarán con amabilidad, adivinarán en tu voz la alegría tanto tiempo perdida, Ismael. Entonces con desesperación, con dolor, con miedo a enfrentarte al futuro, comprobarás que una verdadera puta es capaz de todo por una simple moneda. Debías de saberlo, querido Ismael, que casi todo con lo que respecta a las monedas es lamentable, lamentable. Hay gestos que nunca dejaran de ser, Ismael: Una palma que empuña una moneda como si esta fuera la salvación eterna es en realidad un alma empuñada por una moneda, querido; el alma, de cuanta puta y cuanto hombre piense que soy un canal para el amor, es mía. No lo olvides: Un hombre que empuña una moneda como si esta fuera la salvación eterna, es en realidad un hombre empuñado por una moneda. Así es fácil hablarte ¿no, cariño?